La virgen del 92'.
El primero fue Carlitos. Te acordás bien de él. La maestra había dejado solo al curso en el recreo y 6º C no tuvo mejor idea que jugar a la botellita. Fue un piquito rápido y cortito.
Cuando están saliendo de la escuela, te pregunta si querés ser su novia.
Tu primer noviazgo dura tres días. Fuiste una boluda al no pensar antes que desde ese día -a los doce-, había empezado tu fracaso amoroso.
A los trece decidiste que si Carlitos había sido el último, era sólo porque ahora estabas llena de granitos. ¡No había nada de qué preocuparse!
Mientras tanto, soñás con conocer a un actor famoso y a los Backstreet Boys del momento.
Si tus amigas comentan sobre el chico que habían conocido en una fiesta, vos desaprobás esa actitud -aunque por motivos muy diversos- definiéndolas de putas y babosas.
Cuando tenés quince, los granos abandonaron tu cara y los alambres que solías usar en la boca se los quedó la dentista. Estás orgullosa de tus pechos y, aunque te gustaría ser más flaca, no te considerás gorda.
Y, sin embargo, estás desesperada porque no entendés como mierda no hay ningún chico que haya querido estar con vos.
Ya te da vergüenza. Le aseguraste a tus amigas que anduviste con más de uno del club (y las del club, creen que anduviste con un chico de la escuela).
Mamá cree que nunca le contaste nada, pero tu boca está activa. Vos no tenés intenciones de aclararle la verdad.
Ahora estás con tus diecisiete sentada frente a la computadora leyendo esto.
No hay nada que puedas hacer: estás hecha una total Bella Swan.
Probabilidades de que encuentres un vampiro sexy: 0,000000000000000000000001%.
La pucha, estamos jodidos.
Lo mejor: seguir esperando. Cabeza en alto. ¡Siempre depilada, maquillada y espléndida! Algún día, te podés volver a encontrar con Carlitos.
“Como siempre, me consolaba diciéndome: "Muchacho, tú eres potente. ¡Sólo que en tus horas de vigilia el papel no da nada! ¡Tú no necesitas fotos! ¡Necesitas cuerpos reales! ¡Y todavía no estás en la edad de tenerlos a tu disposición!
Y con eso me tranquilizaba otra vez, de alguna manera: "Muchacho, todavía eres joven. Sólo que tú maduras más despacio que tus compañeros. Eres como una pera de invierno, que sólo se vuelve jugosa al final del año, y los estúpidos de tu clase son frutas de verano maduradas antes de tiempo, que estarán agujeradas, agusanadas, roídas por las avispas y podridas por dentro cuando tú desarrolles plenamente tu aroma".
”
Bonsai, de Christine Nöstlinger.
Un libro totalmente adorable.



